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jueves, 21 de septiembre de 2017

CEREMONIA 2017: EL MEJOR VIAJE CON TODO Y APRENDIZAJE

Todo comenzó cuando armamos 5 tachas, 2 ácidos en gel y una cápsula de Molly para el consumo personal -y responsable- de 5 personas. Suena un poco excesivo, pero así fue. Ceremonia 2017.

Por Vania Castaños

¿Qué diablos está pasando? ¿A quién le importa?. Hasta abajo, mami, hasta abajo. Estoy sudando como puerco. Hace calor. En algún escenario, por allá, está tocando una señora que se llama Bjork, mientras aquí todos perreamos. “Wey, los mil pesos que pagué para venir a ver a BrunOG a Toluca valieron la pena” me dijo mi amigo, uno de los de “la clika junkie” -como llamaré a ese grupo de 5 personas- y tenía razón. Después de todo lo todo lo sucedido, nos merecíamos disfrutar al 100% un buen reggaetón.

Hasta ahora todo sigue siendo muy confuso.

Sábado 11:00 am. Ya vamos en camino al festival Ceremonia. Llevo el outfit correcto, claro. Un body de colores pastel, jeans rotos, y mis Reebok classic.. Todo es risas y buenos tiempos. Antes de bajar del camión me llega una foto. Uno de los de “la clika junkie” es stage mannager y estuvo en el momento en el que una parte del escenario Vans colapsó. No puse atención en la imagen. “Ja,ja qué cagado, seguro ahorita lo arreglan”, pensé.

Entramos al Ceremonia -porque sí, a veces tenemos ciertos privilegios- y una vez adentro, pudimos disfrutar de una barra de cerveza y algunos aperitivos. Aproveché que no había gente para subirme a las sillas voladoras, pasé a cortarme el cabello -también gratis- y me fumé un porrito en el pasto. El público estaba afuera, gritando y chiflando. Parecía como que en cualquier momento iban a hacer portazo. “Pinche pendejo”, “Eres un puto”, “Ya déjenos entrar, culeros” le gritaban a la gente de seguridad pero para mi no era importante, yo ya estaba pasándola muy bien en el Centro Dinámico Pegaso.

El Ceremonia se cancela

Claro, Protección Civil no iba a dejar que el festival ocurriera después de aquel incidente que, hasta ese momento comprendí: era grave. Los organizadores anunciaron la cancelación, algo del rembolso y nos pidieron no salir hasta que desalojaran a la gente. Don Kebbab, Perro Negro y demás foodtrucks ya estaban regalando la comida así que, “fuck the system, yo sin problemas, ya me la pasé increíble en Ceremonia”.

El camión de regreso a la CDMX salió a las 6 de la tarde, o algo así. Obvio ya íbamos alegremente bebidos. Hace poco un amigo de la banda 60 Tigres me dijo que los medios la pasamos mejor que los músicos y el convivio que se armó sobre aquellas 4 ruedas lo confirmó. Esa fiesta se prolongó con muchas cubas hasta que nos enteramos que siempre no, el festival apenas iba a suceder al día siguiente. “¡¿QUÈ?!, pero yo ya fui, me emborraché y ahora hay fiesta en mi depa. Ya ni sé qué hora son porque cambió el horario de verano, ¿qué está pasando? Neta, no lo voy a lograr”.

Cuando salió el comunicado oficial anunciando el #CeremoniaEnDomingo algunos colegas responsables decidieron dejar de beber, yo no. Me quedé con una chica de “la clika junkie” y seguimos embriagando hasta pasadas las 4 de la madrugada.

¿Qué está pasando?

Domingo 11:00 am. Esto parece un deja vú. Otra vez estoy en el camión, otra vez voy en camino al Ceremonia; lo único que lo hace real es esta maldita cruda. Allá vamos.

Uno de mis primeros impulsos ya adentro del Ceremonia -que si sucedió- fue comprarme un ron doble -de 200 pesotes- pensé que mi cuerpo lo necesitaba pero en realidad no, ya me daba náuseas. Era momento de consumir drogas duras para revivir pero aún no llegaba la persona indicada.

Así, en modo zoombie, vi a Mylko -recomendados 100%-, a James Blake -que reforzó mis ganas de ahogarme en un bote de formol- y a Simpson Ahuevo -quien me regresó las ganas de vivir-. Debo aceptar que, para ser #CeremoniaEnDomingo, la gente se veía mucho mas animada que yo. El Morroeste puso a bailar a muchos y hasta parecía que habían olvidado el percance del día anterior.

El Ceremonia con inspiración

Me gusta confesar que mis grandes razones para ir al Ceremonia este año eran proyectos nacionales. Bandas que ya había visto en venues en la CDMX pero me emocionaba la idea de tenerlos a todos juntos en un festival, aunque, esa ilusión todavía no era suficiente para mantenerme viva; así que, apenas llegó ‘la entrega’ dejé que los químicos hicieran lo suyo en mi cuerpo. Me chingué un LSD.

Domingo 16:20. No sé cuantos minutos han pasado pero mi cara ya no deja de sonreír. “Estamos de vuelta en el juego, Ceremonia”.

Siendo sincera y sin temor a que me digan chaira, el acto que más me emocionaba era el de BrunOG, un productor y DJ de 23 años que está rompiéndola en la escena del reggaetón y el trap. Me encanta perrear y después del alucinógeno ingerido, ya sólo me quedaba disfrutar del resto de las bandas hasta que el muchacho se adueñara del escenario Camp Roswell.

De camino a Sotomayor y percibiendo el Ceremonia más hermoso y colorido que nunca, me encontré con Chel Maya, quien estaba anunciado como invitado en el show de Bruno. Me contó que estaban desanimados porque los habían empalmado con Bjork (21:00) pero que esperaban todo saliera bien.

La noticia del horario me cayó como balde de agua fría, obvio yo no había visto las actualizaciones porque cuando salieron estaba borracha y cuando ya no estaba ebria estaba cruda; me visualicé, entonces, viendo a BrunOG en un escenario vacío. Sólo “la clika junkie” y yo.

En lo que llegaba la presentación esperada, bailé un rato con -los siempre deliciosos- Sotomayor y después nos fuimos a La Banda Bastön. Para entonces -y aunque no me acuerde- yo ya la estaba pasando increíble en Ceremonia, otra vez.

Claro que “la clika junkie” ya andaba igual pero con sus respectivas sustancias; nos encontramos en Snakehips quienes, por cierto, resultaron una buena sorpresa sus mezclas de R&B, hip hop y trap.

Me siento vulnerable

El siguiente show en nuestro viaje era el de Majid Jordan. Un par de canadienses a quienes escuché por primera vez en la colaboración que hicieron con Drake en 2015 con la canción “My Love”. Me sentía lista para disfrutarlos pero mi temperatura corporal empezó a no depender del clima. Me dio frío y tenía que ir por mi chamarra al área de prensa.

Soy una mujer independiente y fuerte, le avisé a mis amigos que en unos minutos regresaba. Emprendí mi travesía. Caminé muchísimo hasta que me di cuenta que estaba totalmente perdida. Perdida y sin celular. Perdida, sin celular y en ácido. Debo regresar. Me puse las pilas, reaccioné y tan rápido como pude llegué otra vez con “la clika” quienes muertos de risa me contaron que ellos nunca me perdieron de vista, que no avancé mucho, realmente nunca estuve tan lejos ni extraviada. Sólo fue el ajo.

Desde entonces entendimos que ya no nos podíamos perder, era momento de permanecer juntos sin importar qué. Y así sucedió. Vimos a Majid Jordan de lejitos porque sabíamos que las multitudes ya no nos hacían bien. -Si, para entonces ya había una multitud en Ceremonia; mucha más gente de la que pensé-.

Ya se acercaba la hora de ver a BrunOG pero en lo que eso sucedía y sin pensarlo mucho, fuimos al escenario Corona para ver a Nicolas Jaar. Yo ya había visto al chileno en el primer Ceremonia y a diferencia de cuando lo escucho en mi casa, esa vez no lo disfruté, esperaba algo distinto para la edición 2017. No sucedió.

Estuvimos poco tiempo ahí, la gente entraba y salía. Había mucho movimiento a nuestro alrededor y parecía que todos se empeñaban en separarnos, además, el ambient/minimal de Jaar no estaba funcionando en nuestro viaje así que decidimos agarrarnos fuerte de la mano y salir de ahí.

#FuckBiyork

Nuestro próximo destino, por fin, era el Camp Roswell; estábamos listos para Bruno. Desde hacía muchas horas uno de “la clika” -el que compró su boleto en mil pesos sólo por esta presentación- había decidido permanecer en ese escenario para esperar en primera fila; así que, después de detectar nuestra vulnerabilidad para perdernos, nos urgía encontrarlo.

Cuando llegamos al Roswell, efectivamente, había poca gente. Lo encontramos enseguida. Todos estaban viendo a Bjork. A las 21:25 de la noche empezó el show de BrunOG. Desde que escuchamos los primeros beats de “el viper” nos soltamos a perrear.

Las siguientes canciones en sonar -según recuerdo- fueron “Rakata” de Wisin y Yandel, “Salió el Sol” de Don Omar y “Atréve -tete-te” de Calle 13. La felicidad me invadió tanto que mi ritmo cardiaco se aceleró, la temperatura de mi cuerpo otra vez se alteró y comencé a sentir cosquilleo en mis brazos. Así, tal cual como si me hubiera comido una tacha. -O probablemente si me la comí-.

Para entonces todos ahí estábamos igual: en éxtasis. Habíamos dejado de ser 15 personas y la carpa ya se veía bastante llena. Qué grata sorpresa -y qué pinche orgullo- que todo ese crew (BrunOG y sus invitados: T.Y, MKN y Chel Maya) hayan tenido la buena vibra suficiente para jalar a tanta gente. El perreo se puso bueno -¿no que no perreaban, pistolitas?-

Terminé llorando

El show terminó rapidísimo, aunque realmente duró 1 hora. Salimos tristes hasta que recordamos que los encargados de cerrar el festival eran Underworld y bueno…¿qué les puedo decir de estos británicos? Karl Hyde, el vocalista, es de los artistas más entregados a su público que he visto. Las luces, los visuales, su música y amabilidad hacen que te embobes. Aunque, de todas formas no necesitaba mucho para explotar, así que sólo me dejé llevar.

Salté y salté y salté y jamás me cansé. Ceremonia en domingo había funcionado mejor de lo que pensé pero, la vida todavía me tenía guardada una sorpresa más. A las 12:00 am comenzaba el cumpleaños de una de las integrantes de “la clika junkie” así que estábamos pendientes a que diera la hora para felicitarla.

Justo cuando llegó la media noche la abracé. De fondo se escuchaba “Born Slippy” -la última canción del set de Underworld-. El resto de los integrantes la abrazaron también. Cuando nos separamos del abrazo grupal, la canción terminó, era el fin real del Ceremonia 2017 y nosotros sólo nos volteamos a ver con una sonrisa enorme. Lo habíamos logrado, tuvimos 2 días de festival, mucha música cool, las drogas adecuadas, ninguno de nosotros se perdió pero -aunque les suene cursi- lo más importante es que nos teníamos a nosotros y tal cual había cantado BrunOG unos minutos antes: hay cosas que el dinero no puede comprar, entre una de ellas está su sonrisa.

Sí, si, lo acepto. Se me salió una lagrimita remi cuando eso sucedió. En mi cabeza fue como ver el final de una película de esas de adolescentes en las que los protagonistas tienen toda clase de problemas pero al final gana la amistad.

El dinero tampoco ha comprado mi recuperación

El resto de las drogas también sucedieron. En algún momento confuso pero se consumieron y ahora siento, otra vez, que la vida se me va. Escribo esto sin haber dormido ni un minuto después del festival -obvio no por gusto-, me tarde 3 veces más de lo normal, mis manos aún no dejan de sudar y mi cerebro simplemente no se ha terminado de conectar. El Ceremonia no se canceló pero las drogas duras en mi vida, sí. O sea, por un rato, pues.

Para terminar el texto sólo quiero recalcar la manera fenomenal en la que el festival se levantó. Cambiar todo para un día después definitivamente no debió haber sido fácil y todo transcurrió sin problemas de producción, audio, organización y esas cosas que suelen suceder en eventos masivos. Bien por Ceremonia, mal por los aguitados que decidieron no ir. Bien por BrunOG, mal por M.I.A y Vince Staples que cancelaron. Bien por aquellos que sobrevivieron en sobriedad, mal por mí que sigo trayendo esta intoxicación nivel mortal.

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