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lunes, 29 de mayo de 2017

LIBROS AL DESNUDO: LA REALIDAD, MADRE DE TODAS LAS FICCIONES

Por Jaime Garba

@jaimegarba

 

El 13 de abril, en Michoacán, México, un hombre que representaba a Judas en el tradicional viacrucis del pueblo, se colocó una soga sobre el cuello, se paró sobre un bote, perdió el equilibrio y cayó, balanceándose de un árbol donde estaba sujeta. La gente miró aquello como quien mira una tragedia shakesperiana: con admiración y temor, pero sobre todo, con la idea de que aquello era ficción; sin embargo, aquel hombre no actuaba, fue agotándosele el aire velozmente, hasta morir, demasiado tarde para que los espectadores se dieran cuenta que la realidad había roto brutalmente la ficción, como aquella metadiegética escena en la cinta Birdman de Alejandro González Iñárritu, donde el personaje de Michael Keaton, finaliza la obra “De qué hablamos, cuando hablamos de amor” de Raymond Carver, con un disparo que casi le mata pero que le llena de ovaciones y le salva de la crítica que estaba destinada a hundirlo.

José Miguel Tomasena, novelista mexicano, compartió la noticia del Judas en su muro de Facebook con el siguiente texto: Aquí hay una novela, amigos. No sé si una novela sin ficción, al estilo Capote, o una novela ficticia, una novela tragicómica, al estilo Ibargüengoitia, pero está buscando a su escritor. Tomasena no es el primero que pone sobre la mesa la posibilidad de robarle a la realidad el argumento para un relato, varios escritores proponen hacer ficción desde los hechos tangibles, acontecimientos tan poderosos que rebasan la capacidad imaginativa de cualquier escritor. ¿Quién escribirá la novela de ese Judas? ¿Quién narrará cómo despertó aquel día, sintiendo recorrerle en cada rincón de su cuerpo los incontenibles nervios derivados de darle vida al polémico personaje, de saberse expuesto ante la crítica de los cientos de asistentes, sin sospechar que sería el último de sus días? ¿Qué final literario cabe en tal tragedia? ¿Qué último pensamiento le surcó la cabeza antes de fenecer? ¿Qué evocaciones logrará en el lector aquella historia transformada en literatura? Algún día lo descubriremos, porque tarde o temprano un autor se verá enganchado con tales cuestionamientos, como seguramente se preguntan todos los que escriben (o han escrito) sobre el Holocausto, aquellas extraordinarias novelas que parten de lo general a lo particular, del sentir colectivo de una sociedad flagelada por la barbarie, pero también de la individualidad y las sensaciones de quienes fueron despojados de todo, inclusive de la vida misma; o los que escriben sobre los conflictos en Medio Oriente tratando de descifrar por qué existe tanta destrucción y muerte que tienen como vil pretexto atavismos religiosos; o los que han hecho de las muertes, desapariciones y la pérdida del estado de derecho en países como Perú, Colombia y México, un género literario (la narcoliteratura, la literatura del miedo).

A su manera la realidad les obsequió materia prima a narradores como Hemingway, García Márquez, Fernando Vallejo, Houllebecq, Ellroy, Pamuk, Vargas Llosa, entre tantas otros creadores, que conforman una lista que reta al infinito; y que con su talento, la Guerra Civil Española, las dictaduras, las democracias distópicas, los crímenes irresolutos y los padecimientos de la memoria; se convierten en un catálogo de arquetipos que sirven para entender al mundo en este preciso instante.

Hoy en día aquel escritor que se queja de la página en blanco expone sus pocos deseos de escribir o la incapacidad de iniciar un registro textual que se supone es capaz de realizar con la práctica recurrente de la escritura; porque los vertiginosos tiempos no dan tregua, si no es un asesino prófugo que transmite en vivo la muerte de un inocente en las redes sociales, es la historia de una nación atacada con armas biológicas, o la decisión tomada en pleno desayuno de un líder ímbecil de lanzar la bomba no nuclear más grande que posee su país más con intenciones ventajosas que de apoyo, con la subsecuente posibilidad de causar tensiones internacionales que podrían terminar en una gran guerra. Basta, como dijo el otro día Mario Vargas Llosa en su columna del diario El País (“Leer un buen periódico”. 16 de abril del 2017) antes de comenzar el día saber qué ha acontecido en el planeta, para poder hacerse de la génesis de una historia que atraerá la atención de quienes estén cercanos a los hechos, así como de los que, a la distancia, cual efecto mariposa, saben que cada acto humano les concierne porque les afecta.

Ya lo decía Tolstoi, Carlos Fuentes y seguramente otros genios más, porque la premisa no es el descubrimiento del hilo negro: todo está dicho, todo está escrito, y no existirán sino variaciones de una realidad, pasada, presente o futura, porque ésta es la madre de todas las ficciones. Así entonces, querámoslo o no, somos perpetuos lectores de una tragicomedia de la que al mismo tiempo somos partícipes.