ADVENTURE: EL HECHIZO DE QUÉBEC CITY

Viajamos a la segunda ciudad más poblada en tierras canadienses: un sitio donde conviven la historia, la modernidad, el arte y hasta el canto de las ballenas. ¡Hola Québec!

 

 

POR JAFET GALLARDO @Jafetmgallardo

 

 

En el icónico funicular puedes conocer el barrio viejo de Quebec, que es una villa llena de arte y coloridas casas.

 

La vida para los aventureros es atreverse a dejar lo cotidiano y descubrir nuevas experiencias alrededor del mundo. Nada como el sentimiento de libertad, de miedo y al mismo tiempo alegría por conocer una cultura, arquitectura, comida y actividades diferentes a las que estamos acostumbrados.

 

Nuestro viaje comenzó al este de Canadá en la capital de la provincia de Québec, fundada en 1608 por Samuel de Champlain. Marc Duchesne, nuestro guía, nos explicó un poco sobre su origen y gran historia, cuyo recinto amurallado da la bienvenida con construcciones de estilo francés del siglo XVIII.

 

Después de Montreal, Québec City es la segunda ciudad más poblada de la provincia de Quebec, lo que la hace perfecta para festivales, torneos, ralis y competencias de todo tipo. De hecho, tuvimos la oportunidad de estar en la octava edición de la clásica ciclista Gran Premio de Quebec 2017, una de tantas experiencias que podrás disfrutar en esta ciudad. Su gente siempre es muy amigable y, a pesar de que el idioma principal es el francés seguido por el inglés, les apasiona hablar español.

 

Caminar por sus calles es toda una experiencia; un recorrido entre diferentes épocas y culturas se ve reflejado en sus habitantes. Marc nos contó que el viejo Quebec es uno de los asentamientos europeos más antiguos de Canadá, y se mantuvo bajo el dominio francés hasta que fue tomada por los ingleses en 1629.

 

Así fue como llegamos a uno de los lugares más icónicos de la ciudad, el mismísimo castillo de Frontenac, que ahora es un hotel histórico ambientado al estilo del siglo XVIII. El simple hecho de estar bajo la construcción nos llena con la energía de cientos de generaciones, y los empleados vestidos al estilo francés te transportan a la época de aquél entonces.

 

Sin duda, una ciudad imponente, pero más aún al descubrir el viejo Quebec, donde se fundó la primera iglesia católica elevada al rango de basílica en América, la famosa basílica de Notre-Dame de esa región, pieza clave en el entorno de la ciudad. De ella parten calles que te invitan a descubrir cada rincón y conocer sus muros que hablan por sí solos; colores, decoraciones, lámparas… cada detalle parece haber salido de una fantasía que se convierte en realidad.

 

Funi, Funi, Funiculaire

El funicular nos esperaba para conocer el barrio viejo más a fondo. No me imaginaba lo grandioso que es: una villa cuyo nombre es en honor a su fundador Samuel de Champlain, repleta de icónicas casas y frescos en todas partes, en los que se representa la historia y la cultura del lugar.

 

Ahí podrás encontrar productos de todo tipo, ya que gran parte de lo que se ofrece son artículos locales; abrigos de lana, artesanías, gastronomía y, por supuesto, los productos de maple nunca faltan.

 

Nuestro recorrido con Marc había terminado, pero nos esperaba una odisea en tan emblemático lugar. La comida fue preparada especialmente para nosotros en el Auberge Saint-Antoine, un hotel construido sobre ruinas históricas cuyas piezas se albergan entre los rincones del lugar.

 

Su restaurante Chez Muffy, ofrece una amplia gama de ricos platillos, quesos y vinos que nos enamoraron de inmediato; desde pato al horno, budín de cebolla, ensaladas con frutos orgánicos… todas las delicias cubrieron mis expectativas.

 

Con el estómago lleno, tuvimos la inquietud de recorrer sus calles, era como si el propio Champlain aún viviera y nos estuviera llamando a descubrir lo que había fundado, así que emprendimos la aventura y nos encontramos con uno de los museos más visitados, el Museo de la Civilización, donde conocimos la historia y vida de Quebec, además de presenciar exposiciones permanentes y temporales de todo tipo.

 

Caminar sobre el puerto es otra experiencia que no puede faltar. Situado en las orillas del río San Lorenzo, es el escenario perfecto para caminar, andar en bici o simplemente admirar la panorámica del lugar.

 

El paraíso del pato

 

 

 

La mayor parte de su producción es local, y los mejores quesos, vinos y pais de manzana de la región están aquí. Cruzando hacia la isla de Orleans, dimos un recorrido por los viñedos y granjas, probando sidra y vino de todo tipo. Cada lugar tiene su magia y su especialidad, pero mis productos favoritos fueron la sidra de hielo y la mantequilla de maple que podría comer todo el tiempo.

 

No cabe duda que este viaje es todo un descubrimiento, y prueba de ello es su gastronomía presente en cada restaurante que visitamos. Un concepto que me gustó mucho fue la deliciosa comida italiana en IL Teatro, un recinto que fue remodelado y que se encuentra dentro de un teatro. Sus enormes telones te dan la bienvenida a un sinfín de espectáculos que puedes admirar mientras degustas de una deliciosa pasta en salsa de vino blanco y pato alguna de sus presentaciones. En general, un lugar muy relajado para los gourmets que buscan una atmósfera italiana.

 

Los increíbles paisajes de libros y cuentos de fantasías cobran vida en una región al norte de Quebec, en Canadá. Nos adentramos en un mundo lleno de naturaleza y vida que muchos viajeros podrían desear por siempre.

 

Edificios llenos de historia, gente alegre y un ambiente de tranquilidad absoluta nos cobijaban en nuestro camino a la terminal del tren de Charlevoix, donde las Cascadas de Montmorency nos cuidaban desde lo alto, contagiándonos con su energía.

 

Un recorrido de dos horas para llegar a Baie-Saint-Paul es necesario para divisar los majestuosos paisajes a lo largo del río Saint Lawrence. Imágenes de postales que recorren 125 kilómetros entre el río y montañas.

 

El rincón secreto

Llegamos a Baie-Saint-Paul, una villa llena de armonía y serenidad. Sus galerías de arte y productos locales hacen que el viajero se sienta como en casa. La iglesia de St. Peter & Paul es el escenario perfecto para tomarse una selfi.

 

Fue poco tiempo el que estuvimos ahí, ya que nos esperaba una increíble sorpresa en el Auberge du Ravage, un lugar en medio del bosque de Charlevoix sin nada que interrumpa tu tranquilidad, sólo la naturaleza y tú.

 

Estuvimos cerca de tres horas, el frío llegaba a los -3 grados y teníamos que permanecer muy callados para poder ver el avistamiento de osos negros; simplemente respirar podía espantarlos y truncar nuestro intento por verlos. La sardina estaba puesta estratégicamente entre la maleza; sólo nos quedaba esperar. Ese día no tuvimos suerte, así que regresamos un poco tristes por no haber podido ver al imponente oso negro.

 

La cabaña cuenta con 20 habitaciones y es perfecta para relajarte después de un día entero de pesca, tomar un buen vino y delei- tarte con los platillos gourmet que te ofrece. ¡Toda una experiencia!

www.lacmoreau.com

El regreso fue en un abrir y cerrar de ojos, las ganas de quedarme gritaban fuertemente en mi interior, y en el trayecto al aeropuerto recordé el por qué amo viajar. Quebec nos deja grandes momentos para internarse no sólo en una ciudad, también nos permite vivir aventuras dignas de contar.

 

DONDE LAS BALLENAS CANTAN

 

 

 

Una de las mejores experiencias de vida que puedes tener es ver muy de cerca a las ballenas. Descubrir a estos gigantes a tan sólo unos metros es una odisea que tienes que vivir. Llegando a Baie-Sainte-Catherine podrás abordar el crucero que te llevará a disfrutar la experiencia.

 

En nuestra aventura sentimos la emoción de ver a estos animales en su hábitat natural, su grandeza, fuerza, belleza y paz que transmiten es indescriptible. Era como si el tiempo se detuviera para poder admirarlas con detenimiento y sentir su tranquilidad.