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Lunes, 20 octubre 2014

Difícil de creer: Sexo con una diosa

De niño tenía un amigo al que le decíamos “el Venus”. Ese apodo era el apócope de venusino porque mi cuate parecía ser de ese planeta, y eso explicábamos cuando alguien preguntaba el porqué le decíamos así. No podría describir mucho al Venus pero si recuerdo que su cabeza era alargada, sin albur. Lo irónico del caso es que el planeta Venus fue nombrado así en honor a la diosa romana del amor, la fertilidad y la belleza y hasta donde recuerdo, mi compa el Venus conoció el amor, también resultó fértil, pero la belleza física no era una de sus cualidades.
 
Desde la antigüedad, la diosa Venus ha sido fuente de inspiración. Una de mis pinturas favoritas es precisamente “El nacimiento de Venus”, obra de Sandro Botticelli que está exhibida en la Galería de los Uffizi en Florencia, Italia. De acuerdo con el mito, Venus nació de los genitales del dios Urano, los cuales fueron cortados y arrojados al mar. Entonces en esa pintura se representa la llegada de Venus desnuda sobre una concha a la playa.
 
Pero la influencia de la diosa Venus no sólo repercutió en el arte, sino también en la vida cotidiana de los mortales, sobre todo en cosas que tienen que ver con la sensualidad. De otra forma, Venus está presente en el cuerpo de nuestras mujeres y por lo mismo, en nuestras manos, ahora lo explico.
 
¿Qué hombre puede negar la atracción que sentimos por rozar esa parte ligeramente abultada debajo del ombligo de la mujer? ¿Quién se atreve a negar las fantasías que desencadena el observar ese pequeño triángulo que da la bienvenida a los genitales femeninos? ¿Qué mejor placer que descansar con el rostro ahí?
 
A esa zona muchos le llaman simplemente pubis, pero la Anatomía y los artistas nos ordenan seguir diciéndole Monte de Venus. Éste se forma por un tejido graso blando ubicado sobre la pelvis, que se va cubriendo de vello desde la pubertad. ¿Cuál es su función? Para el cachondeo representa una zona de juegos; en la arquitectura del templo femenino es un hermoso vestíbulo; para el jolgorio es como la barra del precopeo. Su piel llena de terminaciones nerviosas incitan y excitan. Su acolchonado sirve para amortiguar el contacto de los cuerpos galopando durante el coito. Sagrado Monte de Venus, imposible no extraviarse en él.
 
Y de ahí nos vamos a la espalda. ¿Quién no quisiera jugar con sus canicas en esos hoyitos de la cadera? ¿Quién fue el talentoso escultor que asesoró a Dios para dejar ese par de exquisitas imperfecciones en la carretera lumbar de las mujeres?
 
Esos dos discretos huecos a los lados de la columna que roban la primera atención en tu recorrido hacia las nalgas se llaman hoyuelos o pozos de Venus. Todos los hombres y mujeres tenemos estas hendiduras que resultan muy sexys a la vista, pero no en todos los cuerpos se ven igual. Se forman en la superficie de la piel porque ahí es el punto de unión del sacro y los huesos de la cadera. Hay quien sostiene que entre más marcados, hay una mejor circulación y es más fácil llegar al orgasmo. Para mí, los hoyuelos de Venus son las marcas del mapa que indican por dónde está enterrado el tesoro y en tal ocasión usar la pala. Ilustraciones perfectas de ellos están en la cadera de mi compañera de Venga la Alegría @marchenacindy y en twitter busquen el trasero de @tessmeaow.
 
Por otro lado, si Venus fue relacionada con los encuentros carnales, también lo estuvo con algunas consecuencias de la lujuria. La diosa fue vista como patrona de las prostitutas, mujeres dispuestas por gusto o necesidad, vulnerables a infecciones de transmisión sexual, mensajeras venusinas portadoras de enfermedades venéreas. En este sentido, Venéreo es lo relativo a Venus y su deleite sexual, pero cuando el latín se convierte en el idioma oficial de la Iglesia de Roma, su definición apunta a un padecimiento producto del acto carnal pecaminoso, es decir, los conservadores le echaron la culpa a Venus de que te diera comezón en santa sea la parte.
 
Resulta curioso que venéreo venga de Venus y que afrodisíaco de Afrodita. Las dos son diosas del amor, la primera para los romanos y la segunda para los griegos, pero el diccionario condena con una palabra negativa a Venus y con un concepto gozoso a la segunda.
 
Conclusión: Venus con toda su belleza y pasión está en el cuerpo de nuestra mujer, por adelante y por atrás. Por ello, cuando acariciamos su cuerpo tocamos el cielo. Así que la próxima vez que hagamos el amor pensemos que somos afortunados por estar entre las sábanas con una Diosa…
 
… Y al acabar no está de más bañarnos con un Rosa Venus por aquello de lo venéreo. Difícil de Creer.
 

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